miércoles, 10 de diciembre de 2008

Tapones para los oídos

En la temporada 2000-2001, el Sevilla F.C. estaba en Segunda División, al borde de la desaparición a causa de la bancarrota económica, y con un equipo humilde forjado con canteranos y descartados de otros equipos, todos ellos a precio de saldo. Bajo la presidencia de Roberto Alés, esos jugadores fichados por Monchi y dirigidos por Joaquín Caparrós llevaron al Sevilla al ascenso varias jornadas antes del final de Liga, batiendo el récord de victorias en una temporada, y comenzando la epopeya que llevó al club a ser poco después el mejor equipo del mundo.

Ahora esos jugadores son recordados como héroes para el sevillismo, porque sin su esfuerzo nada de lo de estos últimos años hubiera ocurrido. Pablo Alfaro, David, Casquero, Héctor, Notario, Reyes, Antoñito... las Uefas y Supercopas que vinieron después no hubieran sido posibles sin ellos.

Entre esos jugadores estaba Paco Gallardo, un chaval de la cantera que puso todo su esfuerzo, su velocidad, y también sus limitaciones técnicas, al servicio del equipo de sus amores. Jugó 30 partidos esa temporada, y sus asistencias y sus 4 goles empujaron al Sevilla F.C. a alcanzar su objetivo. En la Junta de Accionistas de ayer, escuché al presidente que Paco Gallardo jugó muchos de esos partidos con tapones en los oídos, para no oir los pitidos e insultos de la afición del Sevilla F.C., de su propia afición.


Ahora se oye mucho eso de que la afición sevillista es entendida, es sabia, y es exigente. Que siempre hace lo mejor para su equipo, animando a muerte durante el partido y pitando si es necesario al final del mismo, y criticando lo que hay que criticar en cada momento. Puede ser, pero si en un momento crítico para el Sevilla F.C., un chaval humilde y trabajador (y muy sevillista) como Paco Gallardo tuvo que salir al estadio Ramón Sánchez Pizjuán con tapones en los oídos, es que algo no funciona.

No sé si Mosquera, Romaric, Konko o Crespo se tapan los oídos cuando juegan en casa, pero motivos tienen para ello, porque la afición les trata igual que trataba a Gallardo. Algo sigue sin funcionar.

A lo mejor, además de criticar al presidente, al secretario técnico, al entrenador, a los jugadores, al preparador físico, a los médicos del club, a la prensa, a los árbitros, a la Federación, a los Comités, a la Uefa, a otros clubs, a otras aficiones, y en general a todo bicho viviente; a lo mejor, digo, nos venía bien un poco de autocrítica. A lo mejor teníamos que ser más exigentes y menos complacientes con nosotros mismos, como afición. Más que nada, para que ningún jugador (o entrenador) del Sevilla F.C. tenga nunca que volver a salir a nuestro estadio con tapones en los oídos.


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