viernes, 12 de diciembre de 2008

Monopolio de sentimientos

El otro día, en la Junta de Accionistas del Sevilla F.C. el presidente José Mª del Nido abroncó a los aficionados por no animar suficientemente al equipo en el estadio.
O dicho de otra manera, el presidente de una sociedad anónima abroncó a sus clientes por no consumir como él cree que deberían hacerlo. Porque los clubs de fútbol (salvo injustas excepciones) son sociedades anónimas, y los abonados que pagan sus carnets, y los aficionados que compran sus entradas son sus clientes.
¿Qué harían ustedes si su peluquero les criticara por ir a pelarse por la tarde en lugar de por la mañana? Cortarse el pelo en otra peluquería.
¿Y si el gerente de Carrefour le echara la bronca por ir con su carro por unos pasillos en vez de otros que él prefiere? Se irían a comprar a Mercadona.
¿Y que harían si el gerente de Repsol le ordenara que repostara gasoil en lugar de sin plomo? Se marcharía con su coche a otra gasolinera.
En un mercado libre, cuando un consumidor no está satisfecho con una empresa, se cambia a otra y punto. Esa es la base de la competencia. Sin embargo, hay una excepción a esto, y es el caso de que un producto es ofrecido por una única empresa. En ese caso los clientes no pueden cambiar de proveedor, y tiene que aguantar todo lo que les echen si quieren seguir consumiendo ese producto. Ese caso se llama Monopolio.
Los aficionados a un equipo de fútbol no lo son por una razón lógica, sino sentmiental. A lo largo de sus vidas, de pequeños o de mayores, van sintiendo una afinidad por unos colores, se alegran cuando gana un equipo y se entristecen cuando pierde. Y llega un momento en que eso no se puede cambiar, uno ya es sevillista, o bético, o valencianista para toda la vida. Entonces ya tiene que consumir el producto Sevilla F.C., o el producto Valencia C.F., sean quienes sean sus dirigentes, y sin importar cómo éstos les traten.
Eso es un monopolio, el monopolio de los sentimientos deportivos. El que goza de esa posición de privilegio tiene la posibilidad de hacer casi lo que quiera con sus clientes, pero eso no quiere decir que siempre tenga razón, o que todo lo que haga esté bien. Una cosa es ejercer un liderazgo moral, y otra cosa es decirle a todo el mundo lo que tiene que hacer.
Creo que Del Nido se equivocó al dirigirse como lo hizo a los aficionados del Sevilla. Ser el presidente le da derecho a gestionar la sociedad, pero no a mandar sobre los sevillistas. Somos sus clientes, no sus empleados.
Ni siquiera teniendo razón, a mi parecer, en el fondo de lo que dijo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El Ingenioso Hidalgo

Capítulo I
En un lugar de la Mancha nació un entrenador, que era  muy bueno en su trabajo, y al que le gustaba mucho el dinero. Tras una carrera mediocre fichó por un equipo al que en dos temporadas llevó a las cotas más altas de su historia. Pero el entrenador quería cobrar mucho (muchísimo) más dinero, y el club no podía pagarle tanto.

Capítulo II
Entonces el entrenador de la Mancha recibió una oferta mareante de un equipo inglés. Como quería irse a entrenar a Inglaterra, libre y con el finiquito en el bolsillo, hizo que su equipo perdiera muchos partidos para que el presidente le echara. Pero como su presidente no le cesaba, pese a llevar al equipo a los puestos bajos de la clasificación liguera, decició abandonar el club por su cuenta e irse al equipo inglés.

Su ex-equipo remontó al irse él, y estuvo a punto de lograr su objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones.

El entrenador de la Mancha tuvo en Inglaterra una buena temporada, e hizo que su nuevo club lograse un titulo, algo que no conseguía desde hacía muchos años.

Capítulo III
Por aquel entonces había en España un gran club que tenía un entrenador alemán, del que  querían librarse por que no hacía jugar bien al equipo, y además no caía bien a nadie. Pero como el entrenador alemán había ganado la Liga no podían echarlo. Sin embargo, en el gran club tenían pensado que en cuanto el equipo perdiera varios partidos cesarían al alemán, y le hicieron una oferta al entrenador de la Mancha para que lo sustituyera.

El entrenador de la Mancha vio que podía irse a un gran club y ganar más dinero todavía, sumando lo que cobraría en el nuevo club y el astronómico finiquito de los ingleses, y de nuevo se encargó de que su equipo perdiera todos los partidos, y lo colocó último en la clasificación.

Al final consiguió que los ingleses lo despidieran, cobró su millonada, y poco después se fue al gran equipo español con el que ya tenía todo cerrado hacía tiempo.

El equipo inglés, en cuanto se fue el entrenador, remontó y salió rápidamente de los puestos de descenso.

El entrenador de la Mancha, era feliz: Había conseguido entrenar a un gran equipo, y tenía mucho, muchísimo dinero.

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(Los personajes de este post son ficiticios, y cualquier parecido con la realidad es... ¿posible?)

Tapones para los oídos

En la temporada 2000-2001, el Sevilla F.C. estaba en Segunda División, al borde de la desaparición a causa de la bancarrota económica, y con un equipo humilde forjado con canteranos y descartados de otros equipos, todos ellos a precio de saldo. Bajo la presidencia de Roberto Alés, esos jugadores fichados por Monchi y dirigidos por Joaquín Caparrós llevaron al Sevilla al ascenso varias jornadas antes del final de Liga, batiendo el récord de victorias en una temporada, y comenzando la epopeya que llevó al club a ser poco después el mejor equipo del mundo.

Ahora esos jugadores son recordados como héroes para el sevillismo, porque sin su esfuerzo nada de lo de estos últimos años hubiera ocurrido. Pablo Alfaro, David, Casquero, Héctor, Notario, Reyes, Antoñito... las Uefas y Supercopas que vinieron después no hubieran sido posibles sin ellos.

Entre esos jugadores estaba Paco Gallardo, un chaval de la cantera que puso todo su esfuerzo, su velocidad, y también sus limitaciones técnicas, al servicio del equipo de sus amores. Jugó 30 partidos esa temporada, y sus asistencias y sus 4 goles empujaron al Sevilla F.C. a alcanzar su objetivo. En la Junta de Accionistas de ayer, escuché al presidente que Paco Gallardo jugó muchos de esos partidos con tapones en los oídos, para no oir los pitidos e insultos de la afición del Sevilla F.C., de su propia afición.


Ahora se oye mucho eso de que la afición sevillista es entendida, es sabia, y es exigente. Que siempre hace lo mejor para su equipo, animando a muerte durante el partido y pitando si es necesario al final del mismo, y criticando lo que hay que criticar en cada momento. Puede ser, pero si en un momento crítico para el Sevilla F.C., un chaval humilde y trabajador (y muy sevillista) como Paco Gallardo tuvo que salir al estadio Ramón Sánchez Pizjuán con tapones en los oídos, es que algo no funciona.

No sé si Mosquera, Romaric, Konko o Crespo se tapan los oídos cuando juegan en casa, pero motivos tienen para ello, porque la afición les trata igual que trataba a Gallardo. Algo sigue sin funcionar.

A lo mejor, además de criticar al presidente, al secretario técnico, al entrenador, a los jugadores, al preparador físico, a los médicos del club, a la prensa, a los árbitros, a la Federación, a los Comités, a la Uefa, a otros clubs, a otras aficiones, y en general a todo bicho viviente; a lo mejor, digo, nos venía bien un poco de autocrítica. A lo mejor teníamos que ser más exigentes y menos complacientes con nosotros mismos, como afición. Más que nada, para que ningún jugador (o entrenador) del Sevilla F.C. tenga nunca que volver a salir a nuestro estadio con tapones en los oídos.


lunes, 1 de diciembre de 2008

El póker y la ex-novia

Se me vienen a la cabeza dos historias, que reflejan mi parecer sobre la situación actual del Sevilla F.C. La primera de ellas es un viejo chiste:

- Me encanta jugar al póker y perder.
- ¿Y ganar?
- ¡Ganar tiene que ser la leche!

Este chiste no se puede aplicar al fútbol profesional. Nunca oiremos a un sevillista decir: "me encanta ver al Sevilla jugar bien al fútbol y perder". A los aficionados nos gusta que nuestro equipo gane, y si pierde, el consuelo del juego bonito nos puede valer dos partidos, pero al tercero ya exigimos resultados. Por eso siempre será preferible jugar mal y ganar que jugar bien y perder.

-¿Y ganar y jugar bien?
-Eso debe ser la leche...



La segunda historia es la de un amigo que estuvo casado con una chica llamada Susana, con la que fue muy feliz durante varios años. Susana le dejó por otro, y él intentó rehacer su vida. Pero cada vez que salía con otra chica, empezaba a hablar de su ex: que con Susana hacía esto, que Susana le decía aquello, que con Susana iba aquí o allá... Al final ninguna le aguantaba, y tardó años en iniciar otra relación.

Después de la racha de títulos del Sevilla, hay muchos aficionados que no entienden que el pasado es eso, pasado, y no se cansan de comparar el Sevilla actual con el de esa época. Pero mientras lo hacen, lo único que consiguen es no darse cuenta de lo bueno que este equipo tiene ahora, y les impide disfrutar y emocionarse con un club que lucha por meterse de nuevo en Liga de Campeones, algo que sólo ha logrado dos veces en más de cien años. Se acuerdan tanto de aquella novia, que ninguna les parece lo suficientemente buena para ellos, y mientras se quedan "a dos velas".

Los dos últimos partidos del Sevilla F.C. podrían merecer sesudos análisis y comentarios, pero por mi parte creo que sólo han sido reflejo exacto de la realidad actual de la Liga: El Sevilla F.C. está al mismo nivel que el Valencia, y es inferior al Barcelona. Habrá que luchar y sufrir para entrar en Liga de Campeones, así que aceptémoslo, y démosle el valor que tiene, que es mucho.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Dichosa crisis

Hace algo más de un año empezó la crisis que asola el mundo actualmente. En otoño de 2007 las hipotecas "subprimes" americanas se hicieron famosas porque sus propietarios dejaron de pagarlas, y eso encendió la mecha que hizo explotar, junto con otros fallos estructurales ya antiguos, la actual crisis económica.

Por esas fechas el Sevilla F.C. despertaba del sueño de las dos temporadas anteriores, y tras los sucesos que todos conocemos cambiaba de entrenador con un equipo roto y mal clasificado. Entonces nuestros gobernantes nos decían que no nos preocupáramos, que lo de la crisis era un invento. Y mientras el Sevilla no levantaba cabeza, los precios subían y nuestros sueldos no.

En marzo, tras ganar las elecciones, nuestro gobierno empezó a reconocer veladamente que había algo parecido a una pequeña crisis, y todos nos dimos cuenta de que la cosa pintaba peor aún de lo que ya imaginábamos. Pero entonces el Sevilla F.C. de Jiménez empezaba a carburar, mejoraba los resultados y para el final de Liga se quedó a un paso del objetivo que tan lejano se veía al principio, dejándonos con la ilusión de que la siguiente temporada podía traer algo bueno.

Pasadas las vacaciones, con los bolsillos cada vez más vacíos, con cada vez más amigos en las listas del paro, y con un futuro negrísimo según todos los expertos, sólo había un rayo de luz en el horizonte: El Sevilla hacía el mejor inicio de temporada de su historia y encontraba un estilo de juego que le permitía ganar casi todos los puntos disputados. Mientras el mundo global se hundía, el mundo blanquirrojo con capital en Nervión brillaba y apuntaba alto de nuevo.

Pero, ¡ay!, las esperanzas se vuelven a frenar. El mundo sevillista no podía escapar de la maldición de la dichosa crisis, y entre las lesiones que nos dejan sin delanteros y la baja forma de los centrocampistas, nos quedamos con un equipo que no marca por que no tiene quien lo haga y que no defiende porque su defensa se basaba en tener el balón, y ahora los que deben tenerlo (Maresca, Romaric, Fazio) no están para nada.

Y lo malo es que los economistas dicen que lo peor está aún por llegar, y nosotros todavía no hemos pasado el "Tourmalet" de la Liga. Los gobiernos toman medidas que por ahora no están sirviendo para salir del hoyo, y Jiménez busca en el filial y cambia jugadores de puesto, haciendo encaje de bolillos con las alineaciones, pero el equipo lleva ya cuatro derrotas seguidas, y es incapaz de realizar su estilo de juego.

Crisis y más crisis, esto es lo que hay. ¿La solución? Sólo una, aguantar el tirón. Ha habido otras epocas parecidas, y de todo se sale tarde o temprano. Las bolsas subirán, se recuperarán los lesionados, los bancos volverán a prestar dinero, los centrocampistas encontrarán su mejor estado de forma, el desempleo bajará y el equipo recordará su toque y su pegada.

Mientras eso llega, tenemos crisis por todos lados. Que sea leve para todos...